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29 marzo 2011

Sierra de Andújar, Jaén

13 noviembre 2010

Colorear para siempre

Años, incluso siglos pueden conservar incólumes los colores sobre la blancura lechosa. Las pinturas superaron antes la prueba del fuego y defendieron a 900 grados, temperatura necesaria para la vitrificación de la capa de esmalte blanco, que efectivamente adquiere la apariencia del vidrio. El amarillo del antimonio, el violeta del manganeso, el verde del cobre y el azul del cobalto configuran la paleta concreta que define a la cerámica de Talavera. 



Cocción para impermeabilizar

En la segunda cocción se consigue la vitrificación de la capa de sulfuro con lo que la pieza se hace impermeable y los óxidos definitivos. Conservar los colores y conseguir que el dibujo no se altere determina el éxito del segundo tiempo de hornada. En los hornos antiguos era necesario proteger las piezas dentro de unos recipientes para evitar su contacto con el calor directo y con el humo y eludir la descomposición de los colores. Con los nuevos fogones también es ineludible vigilar el proceso de cocción para evitar variaciones inesperadas. Un mal fuego o una corriente tiznada pueden destruir en un momento el trabajo de días e incluso de semanas.

Pintar la personalidad


Con pincel sobre el lienzo blanco, curvo y vitrificado el artesano traslada los colores óxidos a las piezas. En función del resultado buscado, se opta por la pintura directa o la técnica de estarcido. Estarcir es estampar el dibujo desde un papel calco a base de recortes efectuados con punzón. Se repasa el perfil con un trozo de pieza rellena de carbón molido que se cuela por los poros y sombrea el contorno del dibujo. Ayudado por una caña de bambú, el pintor se vale de su flexibilidad y firmeza para no perder el pulso y dota de colores los motivos particulares de cada colección.