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13 noviembre 2010

Colorear para siempre

Años, incluso siglos pueden conservar incólumes los colores sobre la blancura lechosa. Las pinturas superaron antes la prueba del fuego y defendieron a 900 grados, temperatura necesaria para la vitrificación de la capa de esmalte blanco, que efectivamente adquiere la apariencia del vidrio. El amarillo del antimonio, el violeta del manganeso, el verde del cobre y el azul del cobalto configuran la paleta concreta que define a la cerámica de Talavera. 



Cocción para impermeabilizar

En la segunda cocción se consigue la vitrificación de la capa de sulfuro con lo que la pieza se hace impermeable y los óxidos definitivos. Conservar los colores y conseguir que el dibujo no se altere determina el éxito del segundo tiempo de hornada. En los hornos antiguos era necesario proteger las piezas dentro de unos recipientes para evitar su contacto con el calor directo y con el humo y eludir la descomposición de los colores. Con los nuevos fogones también es ineludible vigilar el proceso de cocción para evitar variaciones inesperadas. Un mal fuego o una corriente tiznada pueden destruir en un momento el trabajo de días e incluso de semanas.

Pintar la personalidad


Con pincel sobre el lienzo blanco, curvo y vitrificado el artesano traslada los colores óxidos a las piezas. En función del resultado buscado, se opta por la pintura directa o la técnica de estarcido. Estarcir es estampar el dibujo desde un papel calco a base de recortes efectuados con punzón. Se repasa el perfil con un trozo de pieza rellena de carbón molido que se cuela por los poros y sombrea el contorno del dibujo. Ayudado por una caña de bambú, el pintor se vale de su flexibilidad y firmeza para no perder el pulso y dota de colores los motivos particulares de cada colección. 

Bañar la belleza

Frías, secas y uniformes las piezas se sumergen en esmalte. Untadas con el barniz vidriado se embellecen con la pátina de protección. La delicadeza del polvo que mezcla sulfuro de estaño con algún fundente disuelto en agua se mide por la riqueza química de la fusión cristalina. De ella depende la calidad y suavidad de la cobertura, e incluso su durabilidad.

Cochura al fuego para retar al tiempo

La cerámica sometida al calor se contrae al verse privada la cal viva de los minerales calcáreos del ácido carbónico. La torta del horno la sostiene alcanzando los 1.000 grados a lo largo de ocho horas. Terminada la cochura o cocción se rebaja paulatinamente la temperatura. Fría la pieza adopta su forma definitiva.

Dar forma a la tierra

Tierra fina constituida por agregados de silicatos de aluminio hidratados que procede de la descomposición de minerales. Eso es la arcilla. La masa empapada en agua, denominada pella, se hace plástica dispuesta para ser manipulada. Sensibilidad y técnica, experiencia y arte se unen en cada cerámica a la que el alfarero puede dotar de una apariencia similar, que la hace igual pero preserva su carácter individual. Con el pie impulsa la rueda que mueve el torno sobre el que gira el barro informe sostenido con manos huecas. Hace crecer la masa hasta alcanzar su forma de origen.

Cerámica de Talavera

La cerámica comparte un significado universal indiferente a fonemas, formas y colores. Presente en los tiempos y en las geografías, el barro modelado con belleza y diseñado para ser útil se encuentra en los yacimientos de culturas pretéritas. Antes, ahora y después la arcilla configurada narra la historia de los pueblos, refleja su naturaleza, su luz y su flora, fauna, los gustos, las costumbres, las dificultades y los éxitos. La producción en cadena reubicó un gremio pero no terminó con él. Lo ordinario pasó a ser un clásico y el oficio se transformó en artesanía.

El flysch


Se calcula que la Tierra tiene cuatro mil quinientos cincuenta millones de años. A lo largo de este tiempo, día a día, siglo a siglo, milenio a milenio, el planeta parece permanecer inalterable pero nada más lejos de la realidad. Cuando la Tierra circula alrededor del Sol y se mueve sobre su propio eje, el movimiento no es homogéneo y eso provoca que las condiciones atmosféricas varíen hasta tal punto que someten al planeta a periodos calientes o fríos. Esta alternancia se produce de forma gradual y deja testigos: los sedimentos. Toda esta información hubiera quedado oculta bajo las aguas del mar, pero hace cincuenta millones de años el choque de las placas tectónicas que originaron el Himalaya, los Alpes y los Pirineos la sacaron a la luz. Emergieron los flysch.

50 millones de historia

En la costa vasca, entre Zumaia y Deba, el acantilado emerge a modo de libro. Ocho kilómetros de páginas ordenadas de oeste a este forman un volumen ajado por el transcurso de la historia. En él se leen 50 millones de años de la Tierra escritos bajo las aguas del océano. Un día, el tomo horizontal se plegó en vertical y se mostró a la luz. Hoy, los científicos de todo el mundo se acercan a esta enciclopedia viva que se ha revelado como el anaquel de referencia para ahondar en el conocimiento sobre el Periodo Cretácico y Terciario cuando los cambios climáticos se sucedían y el choque de un meteorito estuvo a punto de destruir la vida en la Tierra.

Un volumen completo y accesible

    


Lo excepcional del flysch de Zumaia es que recoge la historia desde 100 millones de años hasta hace 50 millones, página a página. La lectura de los estratos y el estudio de los fósiles descifra secretos únicos y completos sin perder un solo capítulo. Los científicos son capaces de seguir las pistas e interpretarlas de principio a fin.

03 noviembre 2010